Luis Suárez: muerde y ama

Estrellas de Brasil 2014. La estrella de Uruguay se hizo extrañar en el debut de su selección en Brasil. El jugador, perteneciente al Liverpool, parece obsesionado por el triunfo y por el amor de su esposa, por quien hizo todo hasta llegar a Europa.

(Foto: Reuters)
(Foto: Reuters)

Raúl Castro Pereyra
rcastrop@diariogestion.com.pe

Luis Suárez es un chico malo. Muerde y escupe rivales. Pasa meses sancionado. Es un actor. Lo soplan y cae. Y si es dentro del área rival, mejor. Luego, se incorpora y muestra su generosa sonrisa. Le dicen conejo.

En su natal Uruguay, el implacable goleador protagonizó un spot en el que se reía de sus dotes actorales que tanto hacen enfadar a todos sus rivales.

Cada vez que hace un gol besa su muñeca. Allí tiene tatuado el nombre de su hija, Delfina, de 4 años. Los hinchas del Liverpool, club al que llegó a cambio de US$ 30 millones, lo adoran. Muchos creían que el nombre en el brazo del jugador era Anfield, como se llama su estadio. Pero se equivocan.

En realidad los hinchas lo adoran, porque derrama rabia en la cancha, corre y no para. El 2 de febrero del 2012, cuando debutó con los reds, ingresó en el minuto 68 de un partido contra el Stoke City. Quince minutos después marcó su primer gol. Allí empezó el romance. Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, ya dio la luz verde para buscar contratarlo. El Liverpool no pedirá menos de US$ 130 millones. El mundial será vital para su futuro.

Mi vida
Uruguay es un país pequeño. El fútbol es parte de la vida. Ha sido campeón del mundo dos veces. Es el actual monarca de América. El Nacional de Montevideo es el club más copero del país. Allí empezó la carrera de Suárez, allí también pudo acabar.

Cuando tenía 15 años, el futbolista era alcohólico. A veces entrenaba con los juveniles del Nacional, a veces hacía goles, a veces llegaba a su casa. Antes de esa crisis, hubo dos eventos que marcaron su vida: su padre abandonó a la madre de Luis y a sus seis hermanos. Su novia Sofía se fue a vivir a España.

Suárez tuvo que decidir. No sabía hacer mucho, solo jugar al fútbol. Hizo lo correcto. Tres años más tarde debutaba en Barranquilla en un partido de Copa Libertadores con la camiseta del Nacional, con la que marcó 12 goles, suficiente para que en el 2006, el FC Groningen de Holanda, lo fichara por un millón de dólares y doce meses después, por casi US$ 10 millones, el Ajax se lo llevara, para convertirlo en capitán y goleador de toda Europa.

Una sola mujer
¿Qué pasó entonces con el chico problema? Claro que aparece, pero ya no está en la calle, sino en la cancha. Suárez fue suspendido por ocho partidos y obligado a pagar más de US$ 10,000, luego de insultar a Patrice Evra, un jugador de raza negra del Manchester United, el rival del Liverpool.

En la calle, ese Suárez parece que no existiera. ¿Qué pasó? Estaba enamorado. Si había algo que lo obsesionaba y motivaba en esos oscuros pasajes del alcohol fue su amor por Sofía Balbi. La novia que viajó a Europa, el lugar al que Luis quería llegar algún día para nuevamente estar con ella. Su único vehículo fue el fútbol.
Cuando Suárez se fue a Europa fue a buscar a su amor.

En una entrevista a ESPN Brasil, el delantero contó que se tomó un avión y viajó de Holanda a España para pedirles a sus suegros que permitieran que Sofía se fuera a vivir con él. Ella aceptó y con el correr de los años se convirtió en la esposa y madre de los hijos del goleador. Hay un Luis Suárez para cada cancha.

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