“La expansión de la inclusión financiera implica el despliegue de mecanismos regulatorios”

El BM exhortó a proveer el acceso al sistema financiero a todas las personas en edad de trabar hacia el 2020. Debe evitarse los efectos nocivos por un crecimiento desmesurado, dijo David Turesta, del BBVA Research.

(En la Foto: David Tuesta / Jim Yong Kim)
(En la Foto: David Tuesta / Jim Yong Kim)

La meta del acceso universal al sistema financiero

David Tuesta
Economista jefe de Inclusión Financiera de BBVA Research

En la reciente sesión plenaria de las reuniones anuales del Banco Mundial, su presidente, Jim Yong Kim, anunció de manera estelar la iniciativa de proveer acceso financiero universal para el año 2020 a todas las personas adultas en edad de trabajar. El presidente hizo énfasis en que 2,500 millones de adultos en el mundo no tienen a su alcance mecanismos de ahorro, y más aún, no pueden realizar transacciones a través de cuentas de ahorro o de banca móvil.

Dado que este discurso se enmarcó en el compromiso de esta organización internacional en su lucha permanente de reducción de la pobreza, esta meta de la universalización de la inclusión financiera es una clara señal de la importancia que el Banco Mundial da al sistema financiero para mejorar el bienestar de las familias.

Aunque no existe una visión única de lo que significa un mayor acceso al sistema financiero, o inclusión financiera, en principio agrupa conceptos generales como el de bancarización, democratización del crédito, descentralización de servicios, penetración financiera, profundización financiera y acceso al financiamiento, por mencionar los más importantes. No obstante, la universalidad de la inclusión financiera planteada por el Banco Mundial no debe entenderse como un objetivo a alcanzar a cualquier precio, sino teniendo en cuenta la necesidad del concepto de “sostenibilidad”.

Esto último implica el despliegue de mecanismos regulatorios que aseguren la expansión de las finanzas a través de buenos mecanismos de control que eviten en última instancia efectos nocivos sobre la sociedad por un crecimiento desmesurado y sin un adecuado control de los riesgos. Es aquí donde seguramente estará el gran reto de este objetivo universal.

La mayor parte de la literatura resalta la relevancia de la relación entre desarrollo financiero y crecimiento. Una corriente, que el propio Banco Mundial ha venido impulsando desde hace algunos años, es el nexo entre mayor bancarización y disminución de la pobreza, resaltándose la importancia de lo primero como suavizador de los ciclos en el consumo que evite que las familias entren y queden atrapadas en la “trampa de pobreza”. La evidencia muestra que los pobres, sin acceso al sistema financiero, se encuentran encerrados en un círculo vicioso que los obliga a conjugar flujos de ingreso irregulares con ausencia de instrumentos financieros escasos o imperfectos. El sistema financiero se constituye así en una herramienta necesaria para mitigar los diversos choques económicos que una unidad familiar puede enfrentar.

Para alcanzar el cumplimiento del objetivo de la inclusión financiera universal, los programas que el Banco Mundial impulse tendrán que derrumbar un conjunto de barreras. Diferentes estudios señalan que las familias identifican, principalmente, cinco problemas claves para el acceso al sistema financiero: capacidad de ingresos, costes de los servicios, exigencias documentarias, confianza en las instituciones financieras, y las limitaciones geográficas.

Se entiende que el tema de la capacidad de ingresos es de carácter estructural, y requiere un conjunto de políticas de largo plazo que van más allá de la sola implementación de programas de acceso a la banca. Sin embargo, las otras barreras pueden enfrentarse de forma tal que permita mejoras en el margen. Un sistema financiero que exija menos documentos a las familias de bajos ingresos, que sea de fácil acceso en diferentes geografías, a menor costo y cuyos productos sean más fáciles de entender, puede ayudar a mejorar los indicadores actuales.

Estas innovaciones necesarias para la universalización del acceso financiero, mencionadas por el presidente del Banco Mundial, requerirán echar mano de toda la experiencia ganada en diferentes partes del mundo. Una de las estrategias más interesantes a nivel global es el de la banca móvil, basada en el uso de dispositivos de telecomunicación simples y ampliamente difundidos a diferentes capas de la población, que han venido consolidándose como un instrumento para la acumulación de recursos, para la transacción y eventualmente para el ahorro y la calificación de créditos.

Estas estrategias han mostrado que su avance requiere de varios soportes en el ámbito de la infraestructura tecnológica, corresponsalías bancarias así como una regulación que promueva un marco adecuado de competencia y de control de riesgos. De la interacción de todos estos factores veremos finalmente en 2020 si se cumplirá este nuevo objetivo universal.

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