El editorial de Gestión: Mejor, pero no contentos

La semana pasada se llevó a cabo la presentación de la última evaluación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) planteados por las Naciones Unidas para el Perú. Y aunque el país avanzó mucho en las metas principales, todavía hay estadísticas preocupantes.

METAS. La semana pasada se llevó a cabo la presentación de la última evaluación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) planteados por las Naciones Unidas para el Perú. En esta ocasión, el presidente de la República, Ollanta Humala, dijo: “Hemos cumplido la mayor parte de los objetivos […], pero con eso no me quedo contento ni nadie debe quedarse contento”.

A decir verdad, el Perú cumplió con solo dos de los ocho objetivos planteados. Sin embargo, es preciso remarcar, los dos más importantes. La pobreza se redujo de 54.4% en 1991 a 25.8% en el 2011. Y dentro de ella la pobreza extrema bajó desde 23% a 6%. Asimismo, la mortalidad infantil mostró una reducción de los 55 recién nacidos que morían por cada mil en 1991 a 16 en el 2011.

Otra buena noticia son los avances en desnutrición crónica. El 37% de la población caía dentro de esta categoría en 1991; para el 2011 solo lo hizo el 18.1%. No obstante, en este caso se aplica con rigor lo dicho por el Presidente, pues en el área rural, 4 de cada 10 peruanos sigue padeciendo de desnutrición crónica. Peor aún si consideramos que entre el 2007 y el 2011 la cantidad de peruanos con déficit calórico ha aumentado, al igual que los índices de anemia.

Estos son datos nada admirables, pero se vuelven aún peores si nos topamos con el hecho de que, hasta el 17 de setiembre, Qali Warma, programa “estrella” del Estado que brinda servicios de alimentación a niños, solo había ejecutado el 30% de su presupuesto para el 2013. Esto, aparte de las múltiples denuncias que ha recibido por el estado de los alimentos que reparte. Sin embargo, no todo el peso debe recaer en el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social. Debido a que la mayor concentración de desnutrición se encuentra en las zonas rurales más alejadas del país, se necesita la infraestructura adecuada que permita el acceso de los programas sociales a estas zonas. De otra forma, nunca llegará.

El Estado debe entender que el problema de la desnutrición crónica infantil es uno de los más perniciosos que tiene este país, pues merma las posibilidades de desarrollo de las capacidades cognitivas de estas personas cerrándole las puertas de entrada a cualquier futuro que puedan aspirar. Una meta pendiente.

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