¿Buscas un disfraz profesional o prefieres ser auténtico?

Puedes seguir ciertas convenciones o ignorarlas. Tienes la opción de ser auténtico o usar un disfraz para la vida profesional. Pero tendrás que aceptar las consecuencias de representar ese papel.

En tu mano está ser auténtico o ponerte un disfraz para la vida profesional.
En tu mano está ser auténtico o ponerte un disfraz para la vida profesional.

¿Has llorado alguna vez en el trabajo? Si eres hombre, probablemente no, porque seguirás esa máxima de que “los hombres no lloran”… Y mucho menos en horario de oficina.

La sabiduría popular aconseja que no nos llevemos al trabajo aquellas emociones que podemos expresar en casa. Es una de las convenciones, normas o principios que todos conocemos y sobre los que nos han hablado y aconsejado para encauzar nuestra vida profesional.

Todo esto a pesar de que la vida personal está inevitablemente entrelazada con lo que vivimos en nuestro puesto, y lo profesional y lo familiar caminan casi juntos.

Así, las lágrimas en el trabajo se perciben con un desdén especial, igual que ser un pesimista crónico, de esos que lo ven todo mal; o ser de los que se lamentan todo el día o interpretan siempre lo peor.

Probablemente te habrán aconsejado también que evites ser de la clase de profesionales que crean más conflictos de los que son capaces de resolver; o que evites asimismo una sinceridad excesiva acerca de tus problemas personales.

Y que tengas cuidado con hacer pública tu negatividad hacia los compañeros, el trabajo, el jefe o incluso tu vida privada. Al menos, intenta que tus arranques de sinceridad estén basados en hechos, y nunca en juicios o interpretaciones.

Sin olvidar determinadas circunstancias de socialización con tu jefe o con tus colegas de trabajo que pueden hacerte especialmente transparente y vulnerable. También te habrán advertido de que en esos momentos se baja la guardia y se hacen o se dicen cosas de las que uno puede arrepentirse, todo por ampliar un rol profesional a un ámbito que en su origen es privado.

Puedes seguir los consejos y las normas. Pero también puedes ser tú mismo. En tu mano está ser auténtico o ponerte un disfraz para la vida profesional que poco tiene que ver con quien eres realmente. Decidas lo que decidas, tendrá consecuencias.

Gestionar conflictos
Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, se refiere a las teorías de Marshall Rosenberg -orientadas a que las personas se comuniquen de manera efectiva y empática-.

Asegura que hay una fórmula para gestionar conflictos en la que “puedes manifestar emociones siempre que digas ‘ante este hecho, yo me siento de esta manera’ (no es algo discultible); siempre que dejes claro qué es lo que necesitas para sentirte bien (no es exigir, sino informar); y siempre que sugieras, propongas o pidas una solución”.

José María Gasalla, profesor de Deusto Business School, explica que “nos ponemos una careta o representamos un rol cuando nuestra forma de ser es diferente a la forma de ser deseable en la organización. Y esto plantea hasta qué punto cualquier persona es válida para todas las organizaciones. En las empresas se da un alto nivel de esquizoidismo que quiebra a los profesionales, que no saben quienes son en realidad”.

Asertividad
Para Montse Ventosa, socia directora de Grow, “en una era en la que innovar es clave, ser uno mismo y ser auténtico es también un requisito. Tendencias como el mindfulness prueban la necesidad de encontrarse bien con uno mismo para poder ser feliz en el trabajo”.

Ventosa añade que la clave del éxito, por tanto, es ser uno mismo, ser auténtico pero sin gritarlo a los cuatro vientos. Cree que existe una confusión común: “Ser auténtico no es ser totalmente transparente ni decir en voz alta lo primero que se le pasa a uno por la cabeza.

Es ser consciente de uno mismo y conocer también los valores, las competencias y la cultura personal. Esto nos lleva a encontrar una cultura de empresa que encaje con uno mismo”.

Para Ventosa, la clave está en el equilibrio entre ser uno mismo en el trabajo, y no traicionarse y llevar un disfraz. Gasalla coincide en la importancia que tiene la armonía con los principios de la organización en la que uno trabaja: “No se trata de simular papeles. Es autenticidad, y esto nos lleva a reconocer nuestra propia vulnerabilidad”.

Peñalver insiste en la necesidad de ser asertivo en la expresión emocional. Se trata de expresar y decir lo que verdaderamente piensas y sientes, buscando la forma y el momento. Añade que “el riesgo de no ponerse una careta y mostrar emoción es que puedes resultar muy agresivo.

Pero el riesgo de lo opuesto es que resulta falso y de cartón piedra. No hay coherencia entre lo que se dice y lo que se siente, y es entonces cuando se da una falta de credibilidad”.

Diario Expansión de España
Red Iberoamericana de Prensa Económica (RIPE)

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