Celulares, cáncer y la anatomía de una alarma sanitaria

Otis Brawley, director de la Sociedad Estadounidense del Cáncer, dijo que las investigaciones sobre posibles vínculos entre el uso de teléfonos móviles y el cáncer se hacen porque a la gente le interesa el tema.

No está claro por qué los científicos llevan a cabo estos estudios. (Bloomberg)
No está claro por qué los científicos llevan a cabo estos estudios. (Bloomberg)

(Bloomberg).- El último estudio que supuestamente vinculaba la radiación de los teléfonos móviles con el cáncer fue concebido en función del bien público. Pero su efecto en el público es malo. El experimento de US$ 25 millones financiado con fondos estatales en EE.UU. ha generado confusión y titulares alarmantes pero poca información útil -más allá, quizás, de indicios sobre dónde falla la maquinaria de publicidad de la ciencia-.

No ha sido necesariamente un caso de error científico. Los investigadores del Programa Nacional de Toxicología de EE.UU. sometieron a un grupo de ratas a altas dosis de radiación de una frecuencia similar a la que emiten los teléfonos celulares. Siguiendo los protocolos, compararon las ratas expuestas a la radiación con un grupo de control. Los patólogos que buscaban señales de cáncer no sabían de qué grupo provenía cada animal.

Pero la semana pasada, los científicos difundieron a las corridas resultados parciales inéditos, que sugerían alguna urgencia de salud pública. Dijeron haber encontrado una relación entre la radiación y un tipo de cáncer cerebral llamado glioma así como un crecimiento no maligno llamado schwannoma. Echando nafta al fuego, pronunciaron frases como “gran avance” y “algo que cambia las reglas del juego”.

Fue solo después de la primera tanda de titulares atemorizantes que los críticos tuvieron oportunidad de explicar por qué el resultado era débil desde el punto de vista estadístico, estaba lleno de preguntas sin respuesta y era poco convincente.

No está claro por qué los científicos llevan a cabo estos estudios, en primer lugar. No hay razones teóricas o empíricas de peso para sospechar que el uso de teléfonos móviles tiene algo que ver con el cáncer. Otis Brawley, director médico de la Sociedad Estadounidense del Cáncer, dijo que las investigaciones sobre posibles vínculos se hacen porque a la gente le interesa el tema. Según él, ese interés nació en 1990, cuando al estratega político republicano Lee Atwater le diagnosticaron un tumor cerebral mortal a los 39 años. Al año siguiente estaba muerto.

En aquel momento, dijo Brawley, algunos señalaron que Atwater había adoptado el celular desde un principio, aunque la realidad es que el cáncer cerebral ocasionalmente afecta a todo tipo de personas sin factores de riesgo evidentes.

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A la conmoción por el destino de Atwater se sumó una confusión sobre el término “radiación”, que los científicos usan para denominar todo tipo de cosas, de las ondas de radio a lo que sale de una bombilla de luz y las emanaciones mortíferas de la central atómica de Chernobyl. Los rayos X y los rayos gamma sí causan cáncer al dañar el ADN, y la luz ultravioleta puede dañar el ADN de la piel, pero la radiación de baja energía como la de las microondas y las ondas de radio tendría que provocar cáncer de alguna otra manera.

Brawley dijo que se han hecho decenas de estudios para probar la seguridad de los teléfonos móviles. El grueso de las evidencias obtenidas hasta ahora indica que su uso es seguro salvo por su papel en los accidentes de auto, de moto y peatonales. Pese a la explosión del uso de móviles en las últimas décadas, la tasa general de cáncer cerebral permanece igual, agregó.

Hay cierto desacuerdo respecto a si es física o biológicamente posible que la radiación de los teléfonos móviles cause cáncer. Chris Adami, profesor de física y microbiología de la Universidad del Estado de Michigan, señaló que hay una posibilidad remota de que la radiación de los celulares tenga algún efecto biológico al calentar las moléculas de grasa y proteína, tal como un horno a microondas utiliza las ondas de baja frecuencia para cocer los alimentos. Pero no hay ningún mecanismo conocido por el cual el calor pueda llevar a un cáncer en las ratas o las personas, añadió, de modo que los investigadores deberían haber establecido un umbral de evidencia muy alto antes de anunciar una amenaza a la salud pública.

Las ratas son proclives a tener cáncer sin ayuda de los científicos, explicó, de modo que, si la radiación de los celulares causara esos tipos de cáncer, lo que esperarían ver es el número normal de casos en el grupo de control y un exceso en el grupo sometido a la radiación.

En cambio, no encontraron ninguno de los dos tipos de cáncer en el grupo de control y la cantidad normal de gliomas y schwannomas en el grupo expuesto. Los investigadores no pudieron explicar esto ni el hecho curioso de que los ratones de control murieron más jóvenes que los expuestos. “Si hay un efecto que uno no entiende, no entiende todo el sistema”, dijo Adami.

El estudio fue realizado por toxicólogos. Si lo hubiesen hecho investigadores del cáncer, habrían buscado señales de que la radiación tenía alguna influencia biológica relevante. Si existe algún efecto, este se daría en el material que rodea al ADN e influye en qué genes se activan. Hay métodos para detectar los llamados cambios epigenéticos, dijo Adami, pero los autores de este estudio al parecer no los emplearon.

Explicó que la presión para producir resultados atractivos o atemorizantes puede llevar a los científicos a dar excesiva importancia a hallazgos marginales. También responsabiliza a los medios por la tendencia a suponer que todo segundo es importante en la difusión de noticias de salud aun cuando sean de dudosa veracidad.

Brawley, de la Sociedad Estadounidense del Cáncer, fue uno de los que incluyó la expresión “algo que cambia las reglas del juego” en la descripción del estudio. Dijo que, si las afirmaciones se confirman, sería la primera vez que se demuestra que este tipo de radiación de baja energía tiene algún efecto en el cáncer. Sin embargo, agregó que este es un gran “si” condicional y que, incluso si así fuera, no necesariamente significaría que los teléfonos móviles causan cáncer en las personas.

Sugirió que, si una persona está preocupada, use un auricular. “Pero le estoy hablando desde un celular”, dijo. “Y lo tengo apoyado en el oído”.

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